1/27/2006

Continuara?

Joan salio aquella manhana contento de casa. Habia conseguido ahorrar suficiente dinero como para comprarse un movil nuevo. Ya se sabe lo que pasa: uno compra un ordenador, un movil, una tostadora.., y al mes se le revelan como prácticamente obsoletos. Aparecen en el mercado el “definitivo” ordenador, movil o tostadora que nos hacen sentir profundamente desdichados por nuestra “carencia”, por vivir rodeados de objetos manifiestamente incapaces de colmar nuestras aspiraciones, de satisfacer nuestras necesidades, de realizarnos como seres humanos. Si tenemos en cuenta que Joan habia seguido usando fielmente el mismo telefono movil durante mas de cuatro anhos podremos llegar a entender que su felicidad estaba mas que justificada. No era solo su movil lo que cambiaba, con el era a toda su vida tal y como la habia conocido hasta entonces a lo que decia adios. Una nueva forma de entender el mundo, de estar en conexión con la realidad, casi podriamos decir “de sentir”, era lo que, esa manhana, iba a hacer suyo. Se habia levantado bastante temprano para ser Sabado, y ni siquiera habia planeado que asi fuera. Simplemente la excitación y el nerviosismo le habian impedido dormir bien durante la noche, y los primeros rayos de sol llegaron como una bendición a su pupila, ya que anunciaban la casi inminencia del “momento”. Hacia frio en la calle, pero apenas podia notarlo, y antes de poder darse cuenta se encontraba frente a la puerta de la tienda telefonos, preguntándose acerca de lo acontecido durante el inadvertido trayecto. Al abrir la puerta una deliciosa criatura de rizados cabellos negros y profundos ojos verdes se le apareció detrás del mostrador, pero antes de que pudiera tomar aire y superar una repentina tartamudez para interpelarla, Rafael irrumpió en la tienda por la puerta del fondo. Era el quien le había abierto los ojos acerca de la necesidad de “moverse con los tiempos”, de adaptarse al mundo moderno, y entre sus manos traía una caja que contenía justo lo que necesitaba: un modelo que incorporaba la ultima tecnología y en el que hasta el minimo detalle había sido cuidado al máximo. Al recibirlo pudo sentir como su cuerpo era arrasado por una ola de energía. Se sentía purificado: había vuelto a nacer. Hablaba y notaba que la suya era una voz que no reconocía, y que sus palabras nombraban el mundo por primera vez, y con tanta “inocencia”, con una gracia y delicadeza tales, que tanto Annelise, la cajera, como Rafael, no pudieron dejar de sentirse secretamente conmovidos y transportados.
Si, todo comenzaba de nuevo ese día, y a eso de las 4, como cada Sábado, se dirigió al bar a tomar café y hacérselo saber a sus amigos. No le sorprendio en absoluto encontrar alli a Rafael, después de todo los dos eran habituales, pero si a Annalise, a la que veia por segunda vez en su vida, y que al reoarar en su presencia se puso súbitamente nerviosa y susurrando algo al oido de Rafael lo empujo para que se dirigiera hacia el: Que resulta que llevaban allí casi dos horas esperando que llegara, que hay veces que no se sabe como pero las cosas pasan, los sentimientos pasan, y que a Annelise le gustaría poder charlar un ratillo, sentarse juntos y dejar que las palabras fluyeran de nuevo. Que el desgraciadamente no, que el ya tenia que irse, porque su novia lo esperaba para ir al cine. Que adiós, que espero que os divirtáis. Y luego la proximidad de un cuerpo, el sol que desciende sobre la tierra, las manos que se acaban entrelazando con fuerza, como para no dejar escapar al otro, o porque se siente uno terriblemente débil y tiene miedo de caer al suelo de manera ridícula, como un fantoche. Y ya no hay tiempo, no mas tiempo, porque unos compromisos ineludibles, una fastidiosa pero inaplazable tarea, la reclaman, la arrastran fuera de alli. Pero la noche se acerca y con la noche crece el deseo, y cuando el deseo se eleve alto, muy alto, hasta hacerla sentir vertigo, quisiera estar con el para saltar juntos al vacio.